CACHÉ (ESCONDIDO)

Culpa individual y colectiva

Título original: Caché (Escondido) Nacionalidad: Francia Año de producción: 2005 Dirección: Michael Haneke Guión: Michael Haneke Producción: Andrew Colton. Veit Heiduschka para Les Films du Losange. Wega Film. Babaria Films Fotografía: Christian Berger Reparto: Daniel Auteuil. Juliette Binoche. Maurice Bénichou. Annie Girardot. Lester Makedonsk Duración: 115 min.

Una pareja de burgueses parisinos en la mediana edad, Georges (Daniel Auteuil) y Anne (Juliette Binoche), profesionales de la cultura, él ejerciendo como presentador de programas televisivos de literatura, y ella trabajando como empleada de una editorial, en una vida absolutamente encauzada, con un hijo adolescente, una existencia acomodada, y rodeados de un selecto grupo de amigos, de repente, sin aviso ni presentimiento alguno, comienzan a recibir en su domicilio cintas de vídeo anónimas, en donde se registran, en cámara fija, la entrada de su casa durante horas, con los movimientos de salida y llegada de los moradores.

Michael Haneke, utilizando ese punto de partida, y con la estética en puesta en escena que nos tiene acostumbrados, de planos fijos a los que no les importa detenerse los minutos que haga falta sobre la misma imagen, somete al espectador a un juego de apariencias y autenticidades, intentando que interactúe en la distinción entre ficción y realidad, elaborando un supuesto thriller donde se dan las claves para su resolución, pero no se explicita la misma, más que sugiriendo el camino que podrían haber tomado los acontecimientos. Se aparta al espectador del simple rol de mero consumidor, y lo arrastra a una participación en la que debe interpretar y cuestionarse lo que está viendo, y en donde se le deja el debido tiempo para meditar y clarificar acciones y reacciones.
441c2876bb615eaf7085b3a9e18d3525El realizador austriaco aborda en esta película con la principal preocupación de los recuerdos, principalmente aquellos que olvidamos conscientemente, porque no nos interesan, aquellos recuerdos que permanecen ocultos en alguna parte de nuestro cerebro, para intentar seguir adelante con nuestras vidas sin las culpabilidades que conllevan. Los pecados colectivos se dan la mano con los individuales, y a pesar de que intentemos ignorarlos, terminan revolviéndose y topándose con nosotros cuando menos nos lo esperamos, de una forma inquietante, angustiosa, y sacando lo peor de cada uno, el egoísmo, actitudes violentas, desprecio, y ningún hueco para la conmiseración, o cierta empatía ante las dificultades y miserias que han tenido que traspasar los otros, a cuenta de nuestras irresponsables y turbias acciones. Estamos hablando, entre otras cosas, de racismo, de ese odio colectivo a lo diferente sucedido en el pasado, esa abominación que fue capaz de abortar, mediante un ensañamiento policial promovido desde los altos mandos, una manifestación de la población argelina en París, el 17 de octubre del año 1961, con el resultado de cientos de muertos entre los manifestantes, y la escasa reacción de la opinión pública francesa, un racismo del pasado que parece perpetuarse en el presente, hábilmente insinuado por Michael Haneke con la escena del furgón policial, en donde los dos hombres de origen argelino, son conducidos a comisaría a la fuerza, sin contar con alguna prueba indiciaria que les llevara a situarse en posición de sospechosos de cualquier delito.

Caché (Escondido) doro 2El filme habla también, en consonancia y como consecuencia de lo anterior, de la culpa histórica en lo colectivo, y en la particular del protagonista, de Georges, de la vergüenza por las falsas acusaciones del pasado, por lo que han arrastrado en consecuencias futuras, y también se detiene en el azar, como es habitual con el director, en esa casualidad que hace de un segundo, de cualquier segundo, probable candidato para desviarse de la línea que la lógica parece que debe trazar, para trastocar y modificar la existencia de cualquiera. Tampoco se evita el tema de la mentira, de la falsedad cuando se considera que es mejor ocultar o callar, y del desconocimiento de aquellos que creemos tan cercanos, ya se traten de pareja, hijos, amigos o compañeros de trabajo; y se aborda la soledad evitada con programas de televisión, de atentados contra la intimidad personal, del autismo policial, de la indefensión, del miedo a lo que se ignora, del temor a la pérdida de nuestra vida situada en la confortabilidad…y de todo ello, volvemos y nos quedamos con el asunto del azar, esos momentos o situaciones vitales que pueden trastocar y desviar absolutamente el destino de una persona, desde convivir en la educación, el cariño, el desahogo económico y la afectividad con el entorno, hasta caer en el extremo opuesto, en un pozo oscuro de existencia conflictiva, sin cariño, vacía, sin sentido, hasta derivar en el dolor, el sufrimiento y la nada.Caché (Escondido) foto 3

A una parte de la crítica, en el momento del estreno del largometraje, le molestó el creer que estaba observando un thriller, sin que se le dieran las pistas para su resolución, en vez de interesarse por el desarrollo psicológico de los personajes, y no en el de la pura acción. Aunque pienso que la escena final, ese plano estático a la salida del instituto, nos dice mucho sobre el real desarrollo de la trama, incomodarse por esa nimiedad es minusvalorar a Michael Haneke, cuya filmografía se ha caracterizado en no caer en debilidad alguna frente al espectador, y mostrar los acontecimientos con toda su crudeza, aunque tenga la maestría de recurrir al fuera de campo y termine por no mostrar nada, dejando el horror para la imaginación del público; y si es necesario, y hay un muerto de más que nos interesa a los espectadores, y a su discurso no, rebobina la cinta y aquí no ha pasado nada (Funny Games, 1997). En definitiva, personalmente nos importa bien poco quien mandara las cintas de vídeo a Georges y a Anne, y quien estaba involucrado en ello. Lo importante, lo básico, son los temas que desarrolla el austriaco, de una forma profunda, concienzuda, sin importarle la reiteración en la situación, ni la ignorancia del espectador que no quiere enterarse. Grande Haneke, que no subraya, solo muestra, repite si es necesario, y ahonda en las carencias, fobias e inseguridades del hombre occidental, aquel que parece que lo tiene todo, que cree que nada ni nadie le va a desequilibrar, excepto los pesares propios del paso del tiempo, y al que un acontecimiento inesperado, le trastoca el presente, y no sabemos si también el destino.
Caché (Escondido) foto 4Haneke nos da en Caché una buena muestra de esa realidad que él ve con una estructura fragmentada, esos trozos de un presente en donde conviven ese matrimonio aburguesado que se mantiene aislado del violento mundo exterior, del que no parece interesarse lo más mínimo, aferrados a sus propias convicciones, sin dejar margen alguno hacia lo que les desvíe de esa zona de confort capitalista. Ese matrimonio, no podemos dejar de mencionarlo, está magníficamente interpretado por los dos protagonistas. Daniel Auteuil recorre con gran verosimilitud el camino de la sorpresa, de la sospecha, de la duda, de la indignación, incluso de la indiferencia; y Juliette Binoche le acompaña en la primigenia ignorancia, en el miedo y la impotencia, hasta llegar al momento de la incomprensión del silencio y ocultamiento.
Michael Haneke ha manifestado que su mayor temor se encuentra en el sufrimiento propio, o el de las personas a las que ama, y quizás por ello, nos ha dejado una filmografía del horror, que puede que haya funcionado, o no, como catarsis de sus temores, mientras se detiene en mostrarnos atrocidades varias sobre seres humanos, que únicamente el azar ha decidido que no seamos nosotros.

Tráiler:

 

 

 

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