DOÑA CLARA (AQUARIUS)

Tenacidad frente al poder

Doña Clara (Aquarius)

Brasil, año 1980. Una familia, con bastantes miembros y amigos, celebran el cumpleaños de la tía Lucía, su setenta cumpleaños, una mujer que se percibe de vivencias intensas, que ha desarrollado una carrera profesional exitosa, y que tuvo una relación de pareja larga y plena, lamentablemente truncada por fallecimiento seis años antes. En dicho cumpleaños se encuentra Clara, una joven, que acompañada de su marido y tres hijos, acaba de superar un traumático y doloroso cáncer de mama.

Tras esta introducción, en los albores de los ochenta, el director, Kleber Mendonça Filho, realiza un salto temporal hacia adelante de algunas décadas, de tres concretamente, y nos sitúa en la ciudad de Recife, en la época actual, para seguir la vida de Clara, ya entrada en la madurez, viuda, con los hijos independizados, y residiendo en su domicilio, “el de toda la vida”, acompañada por su pasión melómana en discos de vinilo. Se trata de un apartamento que se encuentra frente a la playa, y que ella pretende ampliar con la compra del piso superior, ya que su patrimonio personal, que ha ido incrementándose a lo largo de la vida por su éxito profesional como escritora y crítica musical, le permite hacerlo sin agobios financieros. Pero los planes de una empresa constructora, que ha ido adquiriendo los pisos del edificio en donde habita Doña Clara, edificio que precisamente se denomina Aquarius, como el título original, son bien distintos.

Doña Clara (Aquarius). Foto 1

La obra está dividida en tres partes, llamadas “El pelo de Clara”, “El amor de Clara”, y “El cáncer de Clara”. Desde luego, los títulos de los tres capítulos no dejan lugar a dudas sobre la plena protagonista de la historia. El largometraje nos va mostrando, pausadamente, la vida actual de esta mujer, de porte distinguido, con ideas propias, querida, intrépida, valiente y muy segura de sus deseos e intenciones. Ese personaje es Sonia Braga, y en una interpretación espectacular, nos deja penetrar en la vida de Clara, a la que seguimos con verdadero deleite: en sus paseos por la playa, cumpleaños, fiestas, encuentros amorosos, sus canciones inolvidables o el cotidiano baño en el mar. Consigue que no nos importe la duración del largometraje (142 minutos), que el realizador podría haber aligerado con la eliminación de escenas que consideramos innecesarias y no aportan nada importante a la trama (en especial, algún cumpleaños de más, o algunas imágenes con recreaciones).
El director, Kleber Mendonça Filho, tras su debut en el largometraje de ficción con Neighboring Sounds (2012), en el que también se preocupó por la situación de su país, en aquella ocasión a cuenta de las contradicciones humanas en sus relaciones sociales y políticas, con esta obra, de la que también es autor de su guion, bucea, con un argumento muy bien trabado, en la especulación inmobiliaria, y si bien parece que va a terminar derivando en lugares comunes, lo hace de una forma muy personal y atractiva, con un remate final impactante y poderoso.

Doña Clara (Aquarius). Foto 2

El filme en su conjunto, no se encoge ante problemas delicados y, por ejemplo, no obvia referencias a racismos sociales, el desprecio que algunos sienten si tienen que relacionarse con personas de piel más oscura, y con lo que ello puede significar, en definitiva, a nivel social; y tampoco ahorra escenas impactantes de intenso sentimiento físico y psicológico, como la que se muestra en el interior de un vehículo, con Clara y el ¿caballero? que apenas acaba de conocer; tampoco olvidamos la tensión que se respira cuando la familia de Clara se encuentra observando álbumes de fotos familiares para preparar la boda de uno de los hijos (no olvidemos que se trata de una familia muy acomodada), y la asistenta, en un momento determinado, quiere y enseña la foto de su hijo fallecido, que lleva en la cartera, produciéndose un silencio muy, muy incómodo. Nos ha recordado a otra película brasileña, Una segunda madre (Que HorasEla Volta?, 2015), de la realizadora Anna Muylaert, en donde la empleada de hogar se ocupaba del cuidado del hijo del matrimonio al que sirve, mientras hacía años que no veía a su propia hija. A vueltas con el clasismo, precisamente en esa misma escena, uno de los miembros del clan familiar llega a manifestar que “ellos explotan a las clases sociales inferiores, y estas últimas roban”. También está patente esa diferencia de clases social y económica en el apoyo que si se busca, siempre se encuentra entre los más poderosos, ayudándose con ingresos extras u ocultando miserias ilegales. Parece que el lema de que hoy eres tú, y mañana puedo ser yo, lo tienen muy arraigado. Y por otra parte, aunque manteniendo cierta relación con lo anterior, si bien no puede evitarse una distinción clara entre “buenos” y “malos” en los personajes del filme, las circunstancias terminan haciendo a las personas, y a casi todos ellos sin excepción, les conducen al cambio de conductas éticas arraigadas, acercándoles al chantaje, al acoso, o a la pérdida de educación en las formas.

Doña Clara (Aquarius). Foto 3

Ya hemos destacado el carácter independiente de Clara, y a pesar de ello, cada uno a lo suyo, y no faltan presiones de su entorno, de vecinos, amigos o familiares que ambicionan decidir por la protagonista, o ser ellos mismos los que pretendan saber lo que más le conviene a nuestra particular heroína. Pura hipocresía, en la búsqueda de los propios intereses, que es plasmado muy inteligentemente por el director.
Nos encontramos ante una película en la que destaca el uso de colores brillantes, unas tonalidades que nos recuerda a la mayoría de películas brasileñas que llegan al otro lado del Atlántico, y que coincide con la concepción colectiva que tenemos muchos, desconocemos si atinada o derivada de puro populismo sin fundamento, sobre la alegría congénita de sus habitantes, que a pesar de los terribles problemas de desigualdad social, delincuencia y pobreza que arrastran, no se olvidan de sonrisas o celebraciones a la mínima oportunidad. Por otra parte, y en cuanto al orden seguido en la narración, éste se presenta cronológico, con escenas que se producen en el momento en que se desarrollan en pantalla, excepto un sueño de Clara, que sería de las escenas prescindibles. Y con referencia a la música, es elegida variada y se encuentra patente en todo el filme, acorde con la profesión y afición de la protagonista, mucha de ella diegética y brasileña.

Doña Clara (Aquarius). Foto 4

Y para terminar, una anécdota que no queremos olvidar, y que muestra sin tapujos la futilidad de esta existencia. Nos referimos a una escena, en que se enseña un recorte de periódico, en donde John Lennon compartía con los lectores sus sueños futuros, justamente un mes antes del día en que fue asesinado, ese fatídico 8 de diciembre de 1980. La película ha ido siendo presentada en distintos festivales, desde el de Cannes, al de Valladolid, Mar del Plata o La Habana. Se espera su estreno comercial en España para marzo del próximo año. Confiemos que así sea, aunque los caminos de las distribuidoras se nos presentan como inabordables, a pesar de que sospechemos las más importantes razones de los innumerables cambios y retrasos en fechas de estreno, y ello si hay suerte de no caer en el olvido.

Tráiler:

1 comentario

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