EL BOSQUE ANIMADO

Mágica realidad

El bosque animado

 

El albaceteño José Luis Cuerda, realizador de larga trayectoria profesional surgida del mundo de la televisión, estrenó en 1987 El bosque animado, un filme que visto en la distancia y con el sosiego que el tiempo otorga, consigue con habilidad que nos traslademos durante casi dos horas a la Galicia rural de los años treinta del pasado siglo. Con una adaptación de Rafael Azcona de la novela homónima de Wenceslao Fernández Flórez, asistimos a la visión de un largometraje que utiliza como eje central el bosque, la “fraga” de San Salvador de Cecebre. Desde esa localidad  situada a unos 15 kilómetros de La Coruña, se retrata a los personajes que en la misma habitan, además de hacer también un recorrido por la existencia de los que por allí suelen transitar.

Nos movemos por una España muy atrasada económica y culturalmente, en donde las brujas, los fantasmas, los señoritos o la explotación infantil campan a sus anchas. El protagonista Malvis, el bandido Fendetestas, está interpretado por Alfredo Landa. Cuesta reconocer en ese hombre histriónico y pasado de rosca al magnífico actor que todos hemos conocido. No ignoramos que puede atragantarse encarnar a la maldad con un alma caritativa, pero es lo que tocaba. En cualquier caso, estamos hablando de uno de los intérpretes más polifacético en la historia del cine español. Curiosamente, consiguió con el papel Goya al Mejor Actor en la segunda edición de los premios de la Academia. También el filme obtuvo el premio de Mejor Película, compitiendo con Divinas palabras de José Luis García Sánchez y con El Lute: camina o revienta, de Vicente Aranda. Puestos a recordar, la película que ganó la edición anterior, la primera, fue la del inolvidable Fernando Fernán-Gómez, El viaje a ninguna parte.

El bosque animado. Foto 1

Continuando con actores intervinientes en la película, Miguel Rellán, como Fiz de Cotobelo, anda como alma en pena, y nunca mejor dicho, entre la arboleda que en otros tiempos resplandecía más frondosa. Y hablando de Fernán-Gómez, no falta en el filme un homenaje directo al mismo de su ¡Bruja, más que bruja! (1977), interpretando en esta ocasión a la hechicera en cuestión la actriz María Isbert, encarnación de una verdadera mouxa, arpía que no desmerece y rememora con destreza y encanto  la que fabricó Mary Santpere  con anterioridad. Todo el reparto merecería ser destacado, desde los ricachones que encarnan Fernando Rey o Paca Gabaldón, todos de blanco, impolutos, sin ensuciarse de las alimañas que les rodean; o Juanita, la mujer madura, codiciosa, de mal carácter y abusadora que es interpretada por Encarna Paso; o Alejandra Grepi como su sobrina maltratada. Y no nos olvidamos  de la naturalidad y simpatía en la actuación de los niños Pilara y Fuco (Laura Cisneros y José Esteban Jr.).

El bosque animado. Foto 2

Transitamos con añoranza por bares que contienen su rótulo de expendeduría envuelto en los colores de la República y en donde, además de contar con representación de El Cuerpo (léase el cabo de la Guardia Civil), cuelgan morcillas secándose en su techo. Tampoco faltan esas fiestas patronales en donde cada una o  cada uno baila o bailaba con quien podía, si es que surgía la oportunidad. Y ríanse de las modernas prótesis que se elaboran para miembros perdidos por el camino. Vean ustedes, estamos a principios del siglo pasado, y casi se conseguían maravillas, aunque se necesitara un poco de aceite en ocasiones.  Y el filme también nos hace recordar pesadillas del pasado, como la de la madrastra dominante caracterizada en tía carnal, además de expeditiva y tirana empleadora de hogar. O esos zapatos que cuelgan del hombro, mientras unas botas nos dirigen a la estación para coger el primer tren a la capital, en búsqueda de un destino incierto, que siempre se imagina mejor del que se deja atrás; y también aquellas mujeres parientes de clase alta que vienen de Madrid para tomar los aires gallegos, interpretadas por Amparo Baró y Alicia Hermida. Cualquiera les habla de meigas o de la Santa Compaña. Y no podemos dejar de mencionar al pocero Geraldo (Tito Valverde), oficio que no hemos conocido pero nos recuerda al buscador de objetos perdidos en la playa mediante un detector de metales.

 

El bosque animado. Foto 3

Brujos, bandidos, fantasmas, explotadores, nobles y criadas, discapacitados físicos, guapas o feos. La vida en su esencia, con guion, ya lo hemos adelantado, del extraordinario Rafael Azcona, logrando adaptar de la novela de Fernández Flórez unos diálogos dinámicos y refrescantes, sin olvidar su origen. Sí, es posible que la película de culto de José Luis Cuerda sea  Amanece, que no es poco (1988), y su mejor obra La lengua de las mariposas (1999), pero anterior a ambas en el tiempo se encuentra El bosque animado, un largometraje entrañable que rociándose con un falso tono de comedia, encierra verdaderos dramas de unos seres con poco recorrido para escapar de iniquidades.

Y por último, no podemos omitir pensando en la acera de enfrente a la última mencionada, a esa Iglesia con mayúsculas, por supuesto, omnipresente y eterna, siempre cercana a aquellos mundanos placeres como licores varios o puros del Caribe. Una vaca da a luz, una ternera llega al mundo y este se ilumina. A lo largo de todo el filme encontramos maldad, ternura, amistad o mezquindad, envueltas en esa naturaleza agreste, mientras se suceden historias cruzadas con ritmo ágil. Y se acaba la película y abandonamos la magia y el pasado, para volver al mundo actual, sin fantasmas pero enfermizo, envejecido, egocéntrico y atemorizado en demasía.

 

Tráiler:

https://www.youtube.com/watch?v=Piu3tDDVH9o

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