ESTADOS UNIDOS DEL AMOR

Arpías del desamor

 

Título original: Zjednoczone Stany Milosci (United States of Love) Nacionalidad: Polonia Año de producción: 2016 Dirección: Tomasz Wasilewski Guión: Tomasz Wasilewski Producción: Coproducción Polonia-Suecia Fotografía: Oleg Mutu Montaje: Beata Walentowska Reparto: Julia Kijowska, Magdalena Cielecka, Dorota Kolak, Marta Nieradkiewicz, Andrzej Chyra Duración: 104 min.

Polonia, 1990. Con la caída de Muro de Berlín, parece que el paraíso, inesperadamente, puede llegar a nuestras míseras existencias; pero no, la felicidad no se alcanza por poder conseguir un pantalón vaquero o una bebida gaseosa hasta entonces inalcanzables. La plenitud de la vida, o al menos cierto relleno, precisa de otras muchas características, y no nos referimos exactamente a elementos materiales. Y de ello van a tener que aprender mucho nuestras protagonistas en Estados Unidos del amor.

Estamos ante el nuevo largometraje del director polaco Tomasz Wasilewski, tras su debut en In the Bedroom (W sypialni, 2012) y Rascacielos flotantes (Plynace wiezowce, 2013). La película, ganadora del Mejor Guion en el Festival de Berlín, se centra en retratar los caminos que a partir del acontecimiento histórico citado en el párrafo anterior, se suceden en la vida de cuatro mujeres. Paradójicamente, la obra se sitúa en ese momento crucial del siglo pasado en Europa, aunque por lo visto en pantalla, faltaría algo más que el derribo de unos ladrillos soldados con sangre para que no solo nuestro alrededor cambiara, sino que además lo hiciéramos nosotras o nosotros.

Estados Unidos del amor. Foto 1

El filme se convierte en un largometraje de visión desagradable, ya lo adelantamos. Ayuda mucho a ello el recurso a una fotografía desabrida, desdibujada, con colores que rozan el gris y  abocan a la tristeza. Con esos tonos se consigue presentar un país, Polonia, en donde el autor procura que nos acerquemos a unos seres egoístas, imbuidos en sus particulares obsesiones e influenciados todos ellos, eso sí, por la omnímoda presencia y supremo poderío de la Iglesia católica. Precisamente, lo que acabamos de indicar nos aboca a otra paradoja: ambas, las mujeres protagonistas y la Iglesia, cuentan entre sus metas fundamentales la búsqueda del amor; las primeras con unas formas frías, calculadoras y hasta insoportables, y la segunda, la institución religiosa, con sus proclamas y arengas enigmáticas y surrealistas.

El tono fotográfico empleado, que se convierte en protagonista indiscutible del filme, nos lleva por un panorama desolador, gélido, de edificios construidos de una manera uniforme, unos bloques militares que a lo único que invitan es al alejamiento. Y ello nos lleva a lo más destacado que hemos sentido con esta película: lo afortunados y afortunadas que hemos sido por no haber aterrizado en aquella época, en esos precisos lugares y con las circunstancias y caracteres de esos personajes.

Estados Unidos del amor. Foto 2

A la filmación no le acompaña ningún recurso cinematográfico que merezcamos destacar. La obra se desarrolla con una cámara inmóvil, estática, sin concesiones, con alargamiento de escenas que en momentos consigue exasperar. Y a esa sensación se llega, sin que ayude tampoco una banda sonora que recurre exclusivamente a la música diegética, ni favorezca tampoco unos diálogos destinados al egocentrismo en estado puro, al yo, yo y yo, y más concretamente, a los propios deseos físicos que se pretenden satisfacer sin importar los medios.

Estamos ante un largometraje difícil de asimilar, muy complicado para recomendar. Prácticamente, la primera parte del mismo, y no se desmerece en su segunda, el director se ocupa en vestir y desvestir a los protagonistas, enseñando al inicio con recato los cuerpos y actos  sexuales, en recurso al fuera de campo, hasta que no tarda en soltarse la melena para no encontrar límites en la exhibición, olvidando el pudor que en un principio parecía apoderarse del autor con sus escenas. Y en cuanto a la fealdad de las almas que transitan por la obra no se encuentran límites. Da igual que recorramos juventud, mundo adulto o madurez; es lo mismo. Cualquiera de esas etapas es abordada y salpicada de espíritus que mejor se hayan quedado en aquella época y en ese mundo. Desde luego, si esta sensación deplorable es lo que pretendía trasladar el realizador del filme, y eso es lo que parece al no alejarse ni un ápice de ello, lo ha conseguido. La pelota va lanzándose de una mujer a otra, sin que la nueva jugada despierte mayor empatía que la anterior. Al menos, alivia que las cruces y estampitas vayan difuminándose conforme nos acercamos al final.

Estados Unidos del amor. Foto 3

Poco podemos añadir que edulcore el panorama descrito y en particular, los caracteres e intereses de las cuatro protagonistas: ni de la madre insatisfecha maritalmente, ni de la madura profesora atraída por la vecina, ni de la exreina de la belleza de su pueblo que pretende triunfar como modelo, ni de la directora de escuela, implacable, como todas ellas, cada una en la búsqueda ofuscada de sus específicos objetivos. Por lo que respecta a las actuaciones, las cuatro actrices desempeñan con eficacia su labor, sin desviarse una línea en la transmisión de estados de amargura, infelicidad y perfidia.

Estados Unidos del amor. Reflexionando sobre el título y el contenido de la película, preferimos pasar página y tomarnos una cerveza en nuestra casa, mientras nos sentimos aliviados escuchando discutir a los vecinos, continúan sin tregua auditiva las reformas veraniegas anuales del colegio contiguo, y se sigue construyendo sobre el solar del otro lado de la manzana con el máximo brío. Es preciso llegar a conseguir el edificio acabado cuanto antes, ahora que se ha decidido que la crisis económica ha terminado.

Tráiler:

https://youtu.be/FvpdLE5JCYA

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