UN DÍA MÁS CON VIDA

Desde la guerra

Un día más con vida. Cartel y ficha técnica

Estamos ante una maravillosa película de animación. Combina para su conformación  imágenes con la técnica propia del género, fotografías reales de archivo, junto con impresiones de implicados en los hechos ante la cámara o tomas de acción actuales. El filme, codirigido entre el español Raúl de la Fuente y el polaco Damian Nenow, ha sido producido por cinco países: España, Polonia, Alemania, Bélgica y Hungría. El largometraje se basa en la adaptación del libro homónimo del reportero polaco Ryszard Kapuściński. Relata el viaje que realizó el periodista a Angola en 1975. Efectivamente, el filme se sitúa en ese país africano, en el momento y en los días en  que los portugueses escapaban despavoridos, tras un dilatado periodo de colonización. Intentaban no solo salvar sus vidas, huyendo como conejos, sino además, cuantas mayores posesiones materiales pudieran trasladar a la metrópoli, mucho mejor. Como de forma magnífica se expresa en la película, las riquezas robadas se iban movilizando, a ser posible, en cajas de madera cuya valía se medía en tamaño. Y ya se imaginan, la mayor grandeza del motín se anhelaba con avaricia. Estamos ante una salida enloquecida, a un mes de la esperada declaración de independencia de Angola. 

Un día más con vida. Foto 1

Tras la Revolución de los Claveles en Portugal el 25 de abril de 1974 y la caída de la dictadura salazarista, después de que los angoleños llevaran más de quince años en lucha por la independencia, las aventuras colonialistas del país europeo comenzaron a extinguirse. La proclamación de independencia para la nación africana se fijó el 11 de noviembre de 1975. La esperada declaración se terminó convirtiendo en un feo asunto, al situarse en Angola, país con tesoros todavía sin expoliar (léase diamantes o petróleo), en un período de guerra fría entre Estados Unidos y la URSS, y con la circunstancia de tener frontera conjunta con la racista Sudáfrica. La tormenta perfecta para que estallara una guerra civil que se prolongó durante décadas. Contribuyó, indudablemente, el hecho de que las potencias capitalistas o comunistas tomaran partido, apoyaran y colaboraran con el bando de su conveniencia. Eso sí, sin que importara lo más mínimo la multitud de cadáveres que se iban quedando por el camino. 

Y allí, en ese territorio devastado y explotado, todavía sin llegar a la extenuación (todo se andaría), tres meses antes de la ansiada fecha de declaración de independencia, Ryszard Kapuściński se traslada a Luanda. Y no cae en la tentación de unirse al éxodo de los explotadores blancos. El periodista polaco, a lo largo del siglo XX, nos ha dejado numerosos testimonios sobre conflictos internacionales, especialmente en el tercer mundo, y el de Angola es uno de ellos. Experiencias y sucesos reales que vivió desde los mismos lugares en que se producían y dejó testimoniados para la historia, tanto en sus crónicas como en sus libros.

Un día más con vida. Foto 2

La obra de Raúl de la Fuente y de Damian Nenow nos va a ir mostrando a Kapuściński y a un compañero de la zona en el registro de la “confusión” existente entre la población aborigen, civil o militar. Y atravesaremos desde la marcha portuguesa en masa a la división de los  habitantes del país en rojos y blancos, aunque mayoritariamente socialistas; también por la intervención de potencias extranjeras, un secreto a voces que el reportero polaco corroboraba, situándose en los momentos y lugares más peligrosos. Aquellos instantes y ubicaciones en los que la vida no vale ni un “escudo” (reemplazado actualmente por la moneda autóctona, el Kwanza); en aquellos espacios en los cuales solo se permanece por obligación de circunstancias personales o por idealismo en causas perdidas. Animación, documental y testimonios nos adentran con pánico y emoción en un universo bélico. Una aventura cinematográfica que se conforma de manera escalofriante, con gran impacto y elección acertada en la combinación de los diferentes materiales que, al contrario de lo que en un principio se podría esperar, chocan produciendo auténtica conmoción. Vidas truncadas, esperanzas perdidas y una verdadera lección acerca de actitudes vitales. 

Un día más con vida. Foto 3

Por encima de todo, el filme se convierte en un homenaje a la figura de Ryszard Kapuściński, incluso cuando bordea principios deontológicos. ¿Tiene derecho el periodista a cambiar el destino de la historia? Y concluimos que no se trata de una opción. Lo desee o no, su participación transforma el curso de los acontecimientos. Tanto con su silencio como con su testimonio. Además, muchas otras cuestiones sobre obligaciones de la prensa se van desgranando a lo largo del filme. Entre ellas, la confidencialidad de las fuentes o la verificación de la noticia por otros medios; y también la licitud en mantener a toda costa secretos profesionales. Un recorrido clarividente que se sitúa en fechas esperanzadas por un futuro de igualdades en derechos básicos. Un porvenir que ya es presente y ha terminado encharcado en cloacas varias. ¿Periodista subjetivo? ¿Objetividad y neutralidad? ¿Tomamos partido por los que no tienen voz? Una encrucijada que es muy sencillo resolver tumbados en nuestro acogedor sofá. 

No somos especialmente aficionado a las películas de animación. Y nos explicamos. La razón fundamental es que el género nos aleja de la realidad, de esa ficción que acogemos como verdadera. Esa magia del cine que permite que durante aproximadamente dos horas vivas experiencias que no son las tuyas, que las sufras, te emocionen o sencillamente, las compartas. Vidas probablemente inventadas, pero asumidas como propias. Pues bien, el terreno de la animación nos suele alejar de esos sentimientos. Afortunadamente, ello no ha sucedido con esta gran película. Nos hemos enternecido con su protagonista, con Carlota o con Farrusco. Y hemos seguido sus trayectorias con pavor y ternura, conscientes de que podría ser el último día de sus vidas.

 Tráiler:

https://www.youtube.com/watch?v=U484ULrLOBY

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