IRA (WRATH)

La ley del Talión

 

Ira (Wrath). Cartel y Ficha Técnica 

El debut como director de largometrajes de Jota Aronak, nos enfrenta a un filme que consideramos debería ser de visión obligatoria en los primeros cursos de las Facultades de Derecho y Periodismo, para que los estudiantes comenzaran a reflexionar sobre temas fundamentales que abordarán en sus años de aprendizaje y profesión. Nos referimos a asuntos tan problemáticos y controvertidos como las relaciones entre justicia y derecho, la finalidad de la pena, la presunción de inocencia, la búsqueda o no de la proporcionalidad entre delito y su castigo, las interconexiones entre justicia y venganza, deontologías profesionales, y muchos y varios temas que aparecen en el filme, algunos desarrollados, y otros meramente apuntados. Además, la obra cuenta con la originalidad de un final inesperado y muy inteligente, que ahonda profundamente en la naturaleza propia de cada ser humano, en la posibilidad de su cambio frente a circunstancias extremas.

Un par de periodistas, agotados ya de cubrir conflictos bélicos internacionales, de exponerse a los peligros que ello conlleva, y de reflejar miserias ajenas que poco importan a la mayoría de los ciudadanos, deciden intentar un cambio en su trayectoria profesional. Para ello, transforman su trabajo en el intento de la elaboración de un documental sobre las diferencias existentes entre los distintos países del planeta, sobre los hechos que se consideran o no delito, y las penas que conllevan en cada caso. En ese recorrido, pasamos de África a Asia, nos adentramos también, entre otros, en el “magnífico” y  “ejemplar” sistema estadounidense…; y en ese recorrido, es en su propia tierra, en España, donde les surge la oportunidad, quizá única, aquella que solo aparece a unos pocos y  una vez en la vida, de centrarse en la elaboración de un trabajo insólito: registrar en imágenes el camino que recorre un hombre desde que decide asesinar al sujeto que cree que ha sido el que ha matado a su propio hijo, cuya absolución acaba de ser decidida por la justicia.

 Ira (Wrath). Foto 1

 Ira (Wrath). Foto 2

 Ira (Wrath). Foto 3

Tras esos antecedentes, el realizador nos envuelve en una espiral, sin tregua, en donde combina, o consigue que así lo asimilemos, documental y ficción, con utilización de entrevistas o declaraciones a cámara, momentos que se presentan grabados o en directo, profusa facilitación de datos, y recurriendo además a la estrategia de mostrar o velar rostros de protagonistas a pura conveniencia.

La película nos ha impactado por su ingenio en no detenerse únicamente en desarrollar un guion predeterminado inicial en sus finalidades, sino en ir cuestionándose constantemente, con el apoyo al diálogo entre los personajes, a las declaraciones frente al objetivo, o a la muestra de actos o estudios de normas aplicables, sobre la moralidad de nuestras decisiones, sus implicaciones físicas y económicas, el desprecio de instituciones o el cuestionamiento hacia un sistema, que en nuestro caso, y damos las gracias, es garantista y obliga a probar la culpabilidad, y no a excusarla.  

En 93 minutos se recogen demasiados asuntos de gran importancia, para poder digerirlos en un instante, pero si por una parte se agradece ese bombardeo de imágenes, de información, de posicionamientos y sentimientos, por otra parte, puede que estemos ante el punto flaco del filme, esa dispersión que termina por no centrarse, eso sí, basada en una historia cuyo formato, forma y fondo, son infrecuentes. 

 Ira (Wrath). Foto 4

No hay que olvidar que nos encontramos ante una ópera prima, y debemos destacar el estimable nivel que el realizador ha alcanzado con los puntos de arranque, dispersos y difusos, con los que contaba. Y además, no se conforma con acabar siendo una obra de ficción, que juega con el documental y las falsas realidades, con hechos o datos ciertos frente a elementos estructurales invertebrados para hacer apetecible la historia. Todo ello se combina con soltura para cuestionarnos si estamos observando un falso documental, una clase de derecho penal que reflexiona sobre la moralidad o la venganza, o ante un estudio sobre normas comparativas aplicables. Afortunadamente, el conjunto de ello está presente, de una forma aleatoria y un tanto caótica, pero que consigue enganchar desde el primer minuto. Y a pesar de ciertos altibajos, comprensibles con el material altamente inflamable con el que jugamos, el interés no nos abandona hasta el último fotograma, impactante, y que por lo menos en nuestro caso, no olvidaremos.

Los actores Urko Olazábal (Iker Vélez en la ficción), nuestro periodista protagonista, y Nacho Marraco (César Mayo), ese padre destruido por el fallecimiento de su hijo y sus circunstancias, salvan sus cometidos con solvencia y acompañan y dan impulso al resto de elementos de la puesta en escena cinematográfica. 

 Ira (Wrath). Foto 5

La obra nos ha traído a la memoria situaciones, momentos y lugares tan dispares como los que se recorren en la excelente película de Fritz Lang, Furia (Fury, 1936), La novia vestía de negro, de François Truffaut (La Mariee était en Noir, 1968),  La muerte y la doncella, de Roman Polanski (Death and the Maiden, 1994), Oldboy, del surcoreano Park Chan-wook (Oldeuboi, 2003), o el reciente filme del mexicano Alejandro González Iñárritu, El renacido (The Revenant, 2015). Por supuesto, el único punto de conexión entre todas ellas es su planteamiento principal sobre el tema de la venganza. 

Estamos ante una obra muy especial, y que recomendamos a todo espectador, independientemente de que se trate de personas cercanas a los mundos periodísticos o judiciales. Cualquiera puede verse en la tesitura de plantearse o tener que enfrentarse a mundos que parecen muy alejados de los nuestros, pero la vida es impredecible, y el que más o el que menos, ha tenido que reforzar el cierre de la puerta de su casa por la ola de robos existentes en el vecindario, instalar alguna alarma en su domicilio, o colocar cámaras en las entradas de sus edificios. Ira se incluyó en la Seminci del 2016, Sección Spanish Cinema 2015/2016 (no terminamos de entender esa titulación en el idioma anglosajón), en donde se recogieron algunos largometrajes españoles recientes, prácticamente ignorados por crítica, público y premios, como La Academia de las Musas, de Jose Luis Guerín, Lejos del  mar, de Imanol Uribe, La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París, o La puerta abierta de Marina Seresesky, por razones varias que no es momento de profundizar en este lugar. En salas comerciales, el largometraje de Jota Aronak ha conseguido ser estrenado recientemente en nuestra ciudad, que no es pequeña, únicamente por unas salas que fundamentalmente, están centradas en reestrenos de calidad y obras de interés que no han llegado a tener su oportunidad de exhibición en otros circuitos, o lo han hecho muy someramente.

Tráiler:

https://youtu.be/291qMPAhzbU

 

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