LA NOCHE QUE MI MADRE MATÓ A MI PADRE

 Frescura

Cartel La noche que mi madre amtó a mi padre

Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto del estreno de una comedia, una ficción “negra”, que consigue que retrocedamos al lejano Pedro Almodóvar de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) o al Alex de la Iglesia de La comunidad (2000), o si cruzamos fronteras, a los hermanos Coen más gamberros de Fargo (1996) o El gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998). Incluso el título hace que nos acordemos del adorable largometraje de Billy Wilder, ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (Avanti, 1972).  La realizadora madrileña, Inés París, con amplia experiencia en la comedia, ya como directora y/o guionista, sola o acompañada de la argentina Daniela Fejerman, había apuntado buenas maneras en el guion de la premiada película Sé quien eres (Patricia Ferreira, 2000), y en la dirección de  A mi madre le gustan las mujeres (2002) o Semen, una historia de amor (2005), pero en esta ocasión ha dado en el clavo, y nos ha presentado una obra de estética cuidadísima, en donde se saca el máximo provecho al siempre escaso presupuesto, haciendo un filme ágil y muy entretenido, que se desarrolla, prácticamente en su totalidad, en los interiores de una masía, consiguiendo esa frescura mediante la combinación de diferentes estancias (el salón, la cocina, los dormitorios, baños, escalera, muy presente, por cierto), y apoyándose en la recurrente estrategia de continuas salidas y entradas de personajes, con diálogos muy vivaces y una puesta en escena atrayente, en donde tanto los objetos como el vestuario seducen por su disposición y colorido, lo que se ha sabido reflejar con la fotografía de Néstor Calvo, con tonos fuertes y arrebatadores.

Va a resultar que sí que nos gustan las comedias, siempre y cuando, como en este caso, estén magníficamente dirigidas, se basen en guiones inteligentes capaces de engañar al espectador, con giros inesperados que asombran, inquietan, y al mismo tiempo llegan a provocar la carcajada general (el argumento es obra de la propia realizadora, de Inés París, con la colaboración de Fernando Colomo), y con la inestimable intervención de actrices y actores, pocos, pero que han terminado bordando excelentes interpretaciones, con unas caracterizaciones muy acertadas.

Isabel (Belén Rueda), es una actriz que ya ha cumplido los cuarenta años (¿?), y lucha  por continuar con su carrera, ante la conocida dificultad de obtener trabajos en cine o teatro, para las mujeres que van alcanzando una edad madura, mientras debe enfrentarse a su vida personal, que comparte con su marido, Ángel (Eduard Fernández), guionista, y con sus hijos, propios o adoptados, y procedentes de parejas actuales o pasadas. En búsqueda de un nuevo proyecto cinematográfico, se reúnen para cenar, en casa del  matrimonio, Susana (María Pujalte), ex-mujer de Ángel y directora de cine, y el actor argentino Diego Peretti, haciendo de él mismo.

Con este planteamiento, vamos a transitar por una delirante comedia, que no pierde el tono en ningún momento, y que termina pareciéndose al inicio del filme clásico norteamericano, La condesa descalza (The Barefoot Contessa, Joseph L. Mankiewicz, 1954), como si estuviéramos en el entierro de María Vargas (Ava Gardner), en el cementerio de Rapallo, mientras cae una lluvia incesante, y en donde no añoramos ni la gabardina, ni el sombrero.

Volviendo a los diálogos, brotan de forma ocurrente, naturales y apuntando directamente hacia la humillación de los personajes, dentro de la omnipresente clave de humor, como cuando tienen a Isabel un par de horas en un casting, haciendo el payaso, y de repente se saca a colación su edad, porque se está buscando una actriz de 25 años, o cuando se atenta al imaginario del actor argentino Peretti, confundiéndolo con el también actor y argentino, Ricardo Darín, o cuando dentro del desastre que se  ha conseguido alcanzar, lo que realmente nos importa es si nuestra mujer tiene o no un amante, o momentos que nos llevan a la Familia de Fernando León de Aranoa (1996), cuando la impostura  toma la delantera e intenta imponerse sobre la realidad.

En cuanto a las interpretaciones, Belén Rueda sorprende gratamente en su incursión en la comedia, bordando a esa mujer, Isabel, en búsqueda de su objetivo, enredada con sus proyectos profesionales, o en la falta de ellos, con hijos a su cargo, y pareja que acaba resultando más desequilibrada, obsesiva o maniática que ella misma. Esa pareja es Ángel, el excelente actor Eduard Fernández, que si bien en un primer momento sorprende en su participación en el género, hasta nos parece verlo incómodo, no tarda en acaparar también nuestra atención y devoción, hasta terminar siendo el mayor productor de un humor absurdo y disparatado. Estupendo también Diego Peretti haciendo de sí mismo, y por tanto sin cortapisas en el histrionismo, exageración y desenfreno en acciones y reacciones. Mención especial merece igualmente María Pujalte  como Susana. Hacía tiempo que no veíamos en pantalla una borrachera más convincente. Y tampoco nos olvidamos de la joven Patricia Montero, expresiva porque el papel lo requiere, encarnando a una mujer de poco seso pero de voluptuosas formas. Y por lo que respecta a Fele Martínez, le ha tocado la china de la película, pero al menos consigue mantener el raccord.

El largometraje empieza y termina juntando en un mismo escenario, y en coexistencia, a la familia o familias que llegan a conformar la normalidad en pleno siglo XXI, excepto, claro, para la Iglesia Católica, incluido su nuevo Papa. Durante la obra, nos acercamos a la normal convivencia con la pareja actual, con ex-parejas, con quienes poseemos o no hijos en común, algunos adoptados, y con los que seguimos manteniendo relaciones personales, económicas o profesionales absolutamente fluidas, relaciones establecidas por contrato o sin él, sin faltar tampoco algún apunte a sexualidades no heterogéneas.

En definitiva, estamos ante una comedia que no dudamos en calificar como deliciosa, en donde fotografía, decorados, interpretaciones y guion, están exquisitamente cuidados, y ensamblados de manera admirable. Una sorpresa muy agradable que sobresale entre el vulgar, anodino  y ordinario panorama de largometrajes del género que se están elaborando últimamente en nuestro país, destinados a un público nada exigente, que parece conformarse y hasta divertirse, con productos que terminan hiriendo la sensibilidad de cualquier espectador que maneje ciertas inquietudes, aunque sean mínimas.

Tráiler:

2 comentarios

  • Alba dice:

    Pelicula maravillosamente inteligente. Divertida,dinamica, imprevisible.GENIAL.
    El vestuario de Maria Pujalte espectacular. No sé de quien es.

    • Pilar Roldán dice:

      Gracias Alba, coincidimos con tus comentarios. En cuanto al vestuario, destacaríamos también el de Belén Rueda, con ese rojo tan acorde con el tono de la película.

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