MADRE SOLO HAY UNA

Confusión

Madre solo hay una Cartel

La realizadora brasileña, Anna Muylaert, se presentó en la Sección Oficial de Largometrajes a concurso de la SEMINCI de este año con el filme Madre solo hay una, convirtiéndose en una de las películas vencedoras del palmarés, al conseguir alzarse con el galardón a la Mejor Directora, y también al Mejor Actor, para su adolescente protagonista, Naomi Nero. A la directora ya la conocíamos por una película del año 2015 que pudo llegar a nuestras pantallas, Una segunda madre (Que Horas Ela Volta), y constatamos que continúa indagando en las relaciones madres/hijos, siendo sus presencias y/o ausencias las claves de sus propuestas.
Madre solo hay una está basada en unos hechos reales ocurridos en Brasil hará unos veinte años, aunque como afirmó la realizadora Anna Muylaert en la rueda de prensa que concedió en el Festival de Valladolid, los acontecimientos verdaderos únicamente se toman como punto de partida. Pierre, el personaje central, es un joven de diecisiete años que vive con su madre y su hermana menor, se divierte con sus amigos, estudia en el instituto, o al menos lo aparenta, forma parte de una banda de rock, y atraviesa un momento de confusión en cuanto a su sexualidad, o al menos, su naturaleza está inclinándose hacia la ambigüedad. De golpe, sin sospecha alguna, es conducido por las autoridades judiciales para la realización de una prueba de ADN, para comprobar si fue robado en su nacimiento a sus padres biológicos. El resultado, confirmatorio del acto delictivo, trastocará totalmente su vida, y le embarcará en un mundo de desorientación, de experiencias que no se desean, mientras lucha por seguir decidiendo en la elección de su personal desarrollo vital.

Madre solo hay una Foto 1

No se alarmen. El argumento del filme detallado en el párrafo anterior transcurre en los momentos iniciales, y lo que vamos detectando es que, lo que en realidad le preocupa a la autora Anna Muylaert, no es el robo de niños, asunto por otra parte muy grave y que al parecer sucede en un número de casos desgraciadamente no aislados en su país natal, sino lo que le mueve en su proyecto, es el hecho de cómo afecta la situación en el desarrollo y propio descubrimiento sobre sí mismo del protagonista. No puede escaparse a nadie la dureza que el golpe sobre la propia identidad pueden causar estos sucesos a cualquier persona, y además, si bien la sustracción de recién nacidos, desgraciadamente, no resulta una experiencia extraterrestre (ejemplos lamentables se pueden encontrar, sin buscar mucho, en Argentina o España en determinadas épocas históricas de triste recuerdo), sí que resulta mucho más singular el posterior hallazgo de los niños despojados, por su familia biológica. Enfrentarse a los efectos que dicho encuentro puede ocasionar a todos los implicados, son traumas que se suponen demasiado intensos. Y la directora lo muestra con habilidad, centrándose únicamente en lo que le interesa, y dejando de un lado, con elipsis evidentes, la naturaleza, causas y consecuencias penales del delito. Pierre, el joven afectado, en unos segundos, deja de ser Pierre para convertirse en Felipe, y los sentimientos y evolución que ello le origina es lo que ocupa el tejido de la obra. La crisis de identidad de ese chico cuya vida hubiera transcurrido sin mayores sobresaltos que los que pudieran surgir en esa edad adolescente en donde todo está por hacer, y las inseguridades están presentes, y que debe enfrentarse a lo insospechado e indeseado, está plasmado con sensibilidad, eficacia y sin recurrir al morbo o al sensacionalismo barato.

Madre solo hay una Foto 2

En torno a todo ello, el filme también nos deja unas preguntas, entendemos que sin respuesta, porque no las tienen, al menos si queremos generalizarlas: la persona ¿nace o se hace?; las aficiones, la forma de comportarnos, nuestra personalidad ¿resulta muy diferente si cambiamos progenitores genéticos por los que no lo son, con otras inquietudes, aficiones, o niveles de vida?; ¿si tu hijo no hubiera compartido contigo su niñez, se hubiera sentido atraído por tus mismas aficiones, ya sea el jugar a los bolos o las camisas de cuadros?
El largometraje, alejándose de la forma utilizada en anteriores obras de la directora, está rodado enteramente con cámara en mano, atravesando los acontecimientos en un discurrir continuado, gracias al intento de evitar cortes innecesarios. A vueltas con el tema principal, la película no deja de interesar en otros asuntos satélites que recorre, como la inquietud en la forma en que debe tratarse o dirigirse la educación de los hijos, hasta donde debe llegar las autoridades paternas o maternas, las inseguridades que todo lo anterior provoca, y los límites del respeto hacia la intimidad de cada persona, aunque todavía no haya alcanzado la mayoría de edad. Respetos, derechos, sensibilidades, inseguridades…Materias demasiado intensas y delicadas, que pueden llevar al abismo a cualquier propuesta cinematográfica que pretenda acercarse a ellos. Afortunadamente, Anna Muylaert ha acertado en el tono y en la forma, y consigue que disfrutemos y suframos con los particulares avatares de sus personajes.
La interpretación de Naomi Nero como Pierre/Felipe, nos ha resultado atinada, silenciosa y pensativa en ese caos de mundo nuevo que no ha buscado, ni hubiera deseado que llegara. Los afectos no pueden cambiar repentinamente por unos análisis de sangre, y así se plasma en el comportamiento del joven, y en su actuación, que recorre, desde la incredulidad, pasando por la incertidumbre, el chantaje, y acabando en la búsqueda de conseguir mantener la propia identidad.

Madre solo hay una Foto 3

Ya se ha comentado lo que pretende el filme, y con ello, el recurso a la elipsis de lo que se entiende que no le aporta nada esencial, circunstancia que lleva a que ciertas situaciones lleguen a provocar algún desconcierto, en especial con la diferencia de trato que parece que aplican funcionarios públicos y demás implicados, en situaciones de igual calado.
Y dando la vuelta al punto de vista narrativo y de interés que adopta el filme, ¿se imaginan ustedes, como madres o padres biológicos, conociendo y acogiendo, por vez primera, a un hijo con diecisiete años, un adolescente, ya de por sí en una edad problemática, del que no conocemos intereses o emociones, y del que nos hemos perdido, y jamás recuperaremos, sus años previos? Y estamos hablando de un dolor acumulado durante años, 17 en concreto, unos 6.000 días aproximados, uno tras otro, como no deja de mencionar la película, sufriendo, con un dolor inmenso, y con una máxima y casi única finalidad en la vida de reencontrarse con ese hijo arrebatado tras el nacimiento.
Otro detalle que llama la atención en el largometraje es la elección de que ambas madres, la que ha ejercido como tal y la biológica, estén interpretadas por la misma actriz, por Daniela Nefussi, una decisión que personalmente se nos escapa, y que, a lo mejor, deberíamos buscarla en el subconsciente de la directora, en el intento de persecución de una continuidad que no existe.
Y para acabar, no queremos dejar de destacar ese final maravilloso y abierto que cierra el filme, no podríamos imaginarlo ahora de otra forma más certera, en una escena que resulta al mismo tiempo tierna, desamparada, y cómplice.
Tráiler:

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