REPARAR A LOS VIVOS

Dilemas caducos

Título original: Réparer les vivants Nacionalidad: Francia Año de producción: 2016 Dirección: Katell Quillévéré Guión: Katell Quillévéré, Gilles Taurand (Novela: Maylis de Kerangal) Producción: Les Films Pelléas / Frakas Productions / France 2 Cinéma / Les Films du Bélier Fotografía: Tom Harari Música: Alexandre Desplat Montaje: Thomas Marchand Reparto: Emmanuelle Seigner, Tahar Rahim, Anne Dorval, Alice Taglioni, Monia Chokri, Bouli Lanners, Finnegan Oldfield, Dominique Blanc, Alice de Lencquesaing, Karim Leklou, Kool Shen, Camille Tillier, Andranic Manet Duración: 104 min.

Con su tercer largometraje, tras Un veneno violento (Un Poison violent, 2010) y Suzanne (2013), la realizadora francesa Katell Quillévéré retorna a la dirección con la adaptación de la novela homónima de Maylis de Kerangal, que alberga como tema central la donación de órganos. El filme se presentó en la Mostra de Venecia, y ha tenido recorrido por distintos festivales, entre ellos Toronto y Valladolid.

Tres chavales aficionados al surf, se reúnen de madrugada para practicar dicho deporte en el mar y mientras vuelven a sus domicilios, se ven involucrados en un accidente de tráfico  que provoca la muerte cerebral de uno de ellos. A partir de ese momento, lo que parece que iba a derivar en una reflexión seria y profunda sobre la donación de órganos, se convierte casi en un publirreportaje, prácticamente en un documental sobre los pasos a seguir para que dicha intervención llegue a producirse. Y ello lo hace la directora en dos partes bien diferenciadas, con separación de un marcado fundido en negro entre las circunstancias, experiencias y familiares que rodean al posible donante, y las que corresponden al pretendiente a receptor.

Reparar a los vivos. Foto 1

El asunto medular de la película no es novedoso en la historia reciente cinematográfica. Sobre ello, nos acordamos de los filmes 21 gramos de Alejandro González Iñárritu (2003) o Lo mejor de mí, de Roser Aguilar (2007). También a dicho contenido ha recurrido el realizador Pedro Almodóvar en algunas de sus películas, como La flor de mi secreto (1995) o Todo sobre mi madre (1999). Y Nick Cassavetes, en el año 2002, en su largometraje John Q, refleja sobre la pantalla los problemas que surgen cuando ha de recurrirse a esta técnica y los costes no son asumidos en su totalidad por el sistema público de salud. También se hace hincapié en otras obras de las consecuencias que pueden surgir si ambos implicados, donante y receptor, llegan a conocerse. Desde esa perspectiva encontramos Deuda de sangre (Blood Work, 2002) de Clint Eastwood o Siete almas (Seven Pounds, 2008), de Gabriele Muccino. Incluso tampoco han faltado propuestas que se concentran en la problemática de engendrar un nuevo hijo como única forma de salvar la vida del primero con un trasplante, como la china Zuo You (In Love We Trust, 2007), de Wang Xiaoshuai, con los terribles dilemas éticos que conlleva.

Si bien la conclusión o el mensaje que quiere trasladarnos la directora francesa con Reparar a los vivos parece claro, enfatizado con un remate final terriblemente irreal y por ello desafortunado, lo hace mediante una sucesión de escenas que en su conjunto parecen dirigidas a un documental para televisión. Todo nos termina asemejando a un informativo sobre los pasos que deben seguirse para la realización de un trasplante, los esfuerzos físicos y económicos que conlleva y la atención y la disposición inmediata que acapara. Y lo expuesto se plasma, además, sin recurrir a elipsis en intervenciones quirúrgicas cuya eliminación hubiéramos agradecido. Resultan  innecesarias para sostener la trama y quizá, únicamente resulten interesantes para estudiantes de medicina o para mandar una especie de agradecimiento a los profesionales de dicha disciplina. En cuanto a esto último, nos llama la atención la generosidad con la que se reproducen delicadezas y atenciones hacia pacientes que nos tememos que no encajan totalmente con la realidad.

Reparar a los vivos. Foto 2

La sustitución de órganos o tejidos enfermos de seres vivos por otros que funcionen adecuadamente es una técnica médica muy avanzada actualmente y que, por lo menos en España, reúne un amplio marco de solidaridad entre la población; no en vano, es el país con mayor tasa de donaciones de todo el mundo, son siempre altruistas, y las cubre en su totalidad el sistema nacional de salud pública. Pero no ocurre así en muchos otros países, en donde los requisitos para dar el consentimiento de la donación y la posterior gratuidad y transparencia del sistema brillan por su ausencia.

En Francia, desde 1976 se presumía el consentimiento del fallecido a la donación, aunque dicha presunción podía eludirse con la oposición de los familiares. Desgraciadamente, desde el 1 de enero de este año, ha entrado en vigor una nueva normativa, permitiendo a cualquier persona que no desee donar órganos tras su muerte, que se registre en un fichero habilitado para ello, tan accesible como puede ser la vía de inscripción a través de internet.

Reparar a los vivos. Foto 3

La película cuenta con una puesta en escena correcta, fotografía acertada y atrayente  con recurso a los tonos azules, y una banda sonora a cargo del famoso compositor Alexandre Desplat acorde con el afligido ambiente en el que suena. El filme, en su conjunto, atiende más a la estética que a provocar congoja en el espectador. La recreación obsesiva y reiterada en el proceso y técnicas médicas que conlleva la trama es probable que sea una derivación de la propia novela que le sirve de sustento. Por otra parte, es de destacar el recurso a ciertas secuencias retrospectivas, que probablemente  aparecen en momentos poco adecuados ante el desbarajuste del punto narrativo que provocan.

En cualquier caso, terminando por el aspecto más interesante de la película, su argumento central, estudiado el derecho comparado de los diferentes países, al parecer no existe ninguno que obligue, sí o sí, sin posibilidad de exención o negación alguna, a la obligatoriedad de la donación de órganos de cualquier ser humano a su fallecimiento, si las circunstancias médicas y compatibilidades así lo recomiendan. Y  no ignoramos que nos estamos metiendo en un campo intoxicado por el conflicto  entre bienes y derechos, además de muy contaminado por las diferentes religiones. Pero no hay que olvidar que dichos bienes o derechos, como podría ser la propia dignidad, están regulados para las personas que ostentan dicha cualidad jurídica, esto es, en el caso español desde el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno, hasta el momento de la muerte, instante de extinción de la personalidad civil. Como se titula la película, se trata de reparar a los vivos (término verbal un tanto irritante, por cierto), y si la “reparación” ha de hacerse con órganos de fallecidos, pues es lo que hay, no se intente buscar conexión alguna con un respecto a la memoria de los difuntos, porque no la tiene. Obligación para todos, incluso para nuestros reales soberanos y sus familiares, que ya casi no queda sitio en los pudrideros y sepulcros habilitados.

Reparar a los vivos. Foto 4

Estamos reflexionando sobre una cuestión que debería preocupar en mayor medida a autoridades y partidos políticos, una temática que con la revolución en los avances médicos y el envejecimiento cada vez mayor de la población, así como por la disminución de accidentes de tráfico (con perdón a los ciclistas), se está convirtiendo en un verdadero drama para aquellos que permanecen en listas de espera de órganos ajenos para seguir existiendo. Y dejamos para otras oportunidades los comentarios sobre su tráfico ilegal, ética y jurídicamente inaceptable. Tiene su propio nombre, claro que sí, Turismo de transplante, y como imaginarán, los que pagan por esos órganos se encuentran en países desarrollados, fundamentalmente Israel y Estados Unidos, y sus víctimas se asientan en naciones situadas en Asia, como Pakistán, América Latina, por ejemplo Ecuador, además de antiguos países de la República Soviética y Extremo Oriente.

Tráiler:

https://youtu.be/aFNtBIqcuIQ

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