UN HOMBRE FIEL

La marioneta

Un hombre fiel. Cartel y ficha técnica

Louis Garrel, realizador de Un hombre fiel, es más conocido en su país natal, en Francia, por su faceta de actor. En especial, se recuerda su intervención en la película Soñadores (The  Dreamers, 2003), de Bernardo Bertolucci. Como director, estamos ante su segundo largometraje. El primero, Les deux amis (2015), consistió en una adaptación de Les Caprices de Marianne de Alfred de Musset, una obra que en su momento inspiró La regla del juego de Jean Renoir (La Règle du jeu, 1939). En esta ocasión, continúa insistiendo en las relaciones sentimentales que abarcan a más de dos personajes. Abel, nuestro protagonista en Un hombre fiel, interpretado por el mismo realizador, es un joven que lleva tres años conviviendo con Marianne, un papel que lleva a cabo la actriz Laetitia Casta. Un día cualquiera, en un momento intrascendente, esta última le comunica a Abel que está embarazada de su mejor amigo, de Paul. Y además piensa abandonarlo y casarse con el padre de su hijo. 

Un hombre fiel. Foto 1

Con el referido arranque, ya se pueden observar los rasgos definitorios que van a envolver todo el largometraje. En un primer término, cabe destacar que se encuentra rodeado de una frialdad que asusta, cuando precisamente está centrada en historias de sentimientos. En segundo término, el recurso a la voz en off es utilizado sin pudor alguno, incluso olvidando a ratos el medio en el que nos movemos. Además, junto a  esa voz fuera de pantalla, se acompañan diálogos que se caracterizan por su profusión. Pues bien, a pesar de todo lo anterior, nos parece que la obra peca de superficial. No llegamos a conocer a ninguno de los personajes que transitan por el filme; ni lo que sienten, ni tampoco lo que en realidad desean. Nos da la impresión de que están jugando, por puro divertimiento, con la marioneta de turno, en este caso, con el varón protagonista, con Abel. Y rematando la faena, tomarán posición en escena la hermana de Paul, así como el hijo de Marianne. Para ello, se recurrirá a una elipsis de varios años.  

Se trata de una película de apenas setenta y cinco minutos y sin embargo, hemos mirado el reloj en más de una ocasión. No nos ha interesado este supuesto cuento contemporáneo que pretende emular obras maestras de Ingmar Bergman o de la Nouvelle vague. ¿Da igual “H” que “B”? ¿Se intercambian camas sin importar los sentimientos? En cualquier caso, estos últimos, como ya hemos señalado, tampoco llegamos a intuirlos. Lo mejor es la escena inicial, un espontáneo torrente de  sinceridad, eso asemeja por lo menos, al que por desgracia, no se ha sabido otorgarle una continuación de la misma altura. 

Un hombre fiel. Foto 2

El filme, a pesar de las limitaciones que hemos señalado, consiguió en el Festival de San Sebastián el galardón de Mejor guión, compartido, y en el Festival de Buenos Aires el de Mejor director. Al parecer, Louis Garrel se ha inspirado en la obra Un hombre fiel con la película que François Truffaut realizo en 1968, Besos robados (Baisers volés). Da la impresión de que el realizador se encuentre entronizado por sus excelentes orígenes en el campo cinematográfico. No olvidemos que su progenitor es el también director Philippe Garrel y su madre la actriz Brigitte Sky. Ya se habrán dado cuenta de la importancia en este universo del arte de los ascendientes, y podríamos remontarnos más arriba, que también encontraríamos materia. Creemos que la genialidad no se hereda, al menos necesariamente. En su intento por rememorar y recrear a la Nouvelle vague en tiempos actuales, ha caído en un pozo de vacuidad y sopor que es muy difícil que atrape. Y todo, a pesar de que Jean Paul Carrier, que también había trabajado con Philippe Garrel, colabora en el guion junto con el director.

Por otra parte, nos congratula que en alguna ocasión sea el personaje masculino el débil de las relaciones. En esta ocasión, Abel se muestra como un hombre que se tambalea al son que tocan las mujeres. Bienvenido sea, al menos como rareza, tanto en el cine como en la vida real. Y nos hubiera gustado que la lucha “a muerte” entre las dos féminas, hubiera ido más allá de lo filmado. En realidad, la inteligencia se expone y los ríos de lloros y venganzas se evitan sabiamente. Navegamos en la  comedia, por una en especial en la que cualquier soplo de viento puede hacerla virar del drama a la ligereza, del pretendido o supuesto amor al sainete más ridículo, del enaltecimiento al vacío.

Un hombre fiel. Foto 3

El hijo de Marianne, en cualquier caso, merece un párrafo aparte. El crío se presenta como maquiavélico, con muchos traumas para su corta edad y con una personalidad que peca de un carácter patológico, o cuanto menos morboso. Llega un momento que nos recuerda a la película Los niños del Brasil, del realizador Franklin J. Schaffner (The Boys From Brazil, 1978). Sí, a aquellos menores de escalofrío, producto de los terroríficos experimentos del Doctor Josef Mengele. Y si nos apuran, cambiando de sexo, también hemos rememorado con el chico de Marianne a las niñas de El replandor de Stanley Kubrick (The Shining, 1980). Claro, que de aquellas crías ya soportamos ejemplares en primera línea sucesoria de nuestra querida familia real.

Y poco más a destacar. Quizá la ausencia, en la práctica, de elementos o recursos cinematográficos que disturben, aunque no sepamos todavía el discurso. Sobriedad en puesta en escena y además, con apenas banda sonora. Al final, lo que terminamos viendo es a un conjunto de seres caprichosos, que cuando tastan la golosina ya no les parece interesante el dulce. Y esa golosina rueda y rueda, con casi todo su equipaje a cuestas. 

Tráiler:

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